Punto de Vista - Dr. David Arce Martino
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Hace muchos años conocí a una señora que tenía una zapatería en el centro de Miraflores y le daba de todo a su hija de 8 años, quien tenía la particularidad de pedir dinero en una forma exigente. Primero le pedía y si no le daban empezaba a realizar rabietas, pataletas, llorando y tirándose al suelo hasta que la madre accedía a darle. Una de las amigas le aconsejó a la madre que no se dejara manipular y que ya no le diera tanto dinero de propina. Y así lo hizo, al ver la niña que la madre no le entregaba el dinero tan fácilmente como antes, empezó a pedirle dinero cuando la zapatería se llenaba de gente, y para evitar la vergüenza, la madre le daba el dinero exigido. Nuevamente fue aconsejada de que así hiciera pataletas cuando haya mucha gente se pusiera fuerte y no le diera nada. Entonces la niña, al no lograr lo que quería empezó a tirar las cosas de los mostradores y la madre volvía a darle su gusto. Le dijeron que no sea tan blanda, que la niña no era la que mandaba. Y poco a poco la niña fue como entrenándose en hacer las pataletas y rabietas más grandes, rompía los escaparates donde se exhibían los zapatos, tiraba los zapatos a la calle y empezaba a cortarse su largo cabello delante de los clientes que rápidamente abandonaban el negocio. Cuando iba creciendo en edad los impulsos iban creciendo en intensidad. A los doce años deseó irse a los Estados Unidos y empezó a realizarse los primeros cortes en los antebrazos. A los catorce años se enamoró de un chico hippie que no era del agrado de la madre y que le pedía más dinero para gastar. Se enamoró perdidamente de él y no aceptaba que el hippie tuviera más parejas sentimentales y eso era una fuente de peleas, riñas, reconciliaciones y nuevamente riñas. Y como se había acostumbrado a una forma de reaccionar, quiso hacerlo con el hippie, a lo que éste no accedió. Y cuando el hippie le dijo para terminar la relación, corrió a su casa, que era un edificio de once pisos y se lanzó desde el tercer piso. Quiso la providencia de que cayera sobre el capó de un Volkswagen que amortiguó su golpe fracturándose la cadera y astillándose las piernas. Tuvo mucho tiempo de tratamiento y actualmente de vez en cuando la veo caminar por el Parque, esta vez con muletas de fierro, que la ayudan a caminar. Fue una forma muy difícil de aprender la dureza de la vida, de que no siempre se obtiene lo que se desea.
Y preguntándole a la mamá dijo que desde la edad de dos años se había acostumbrado a que le dieran lo que ella quería. Y así ocurre con muchos niños y niñas que cuando quieren algo, empiezan a hacer una pataleta, una rabieta, un berrinche con el afán de conseguir lo que quieren. Los niños exploran la conducta de los adultos. Y van como si fueran estirando ena liga para ver hasta dónde se rompe. Lo importante es no sermonear ni discutir en el momento en que el niño hace un berrinche. Y desde el primero berrinche el niño debe saber que no conseguirá nada haga lo que haga. Es mejor darle afecto y amor al menor y hacerle conocer las normas y acuerdos desde el comienzo. No es aconsejable agredir física ni psicológica al niño, ya que con esto se le estará enseñando a reaccionar de la misma forma. Lo importante es extinguir esos comportamientos negativos y que los comportamientos positivos deberían ser reforzados, con palabras, con felicitaciones y con mucho afecto. Cuando al comienzo le decimos NO a un niño y si accedemos a sus demandas después de las pataletas, le estaremos enseñando la forma de seguir haciendo pataletas.
David Arce













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