Cierto día llegó al Perú la Manhattan Minerals Co. of Canada con un paquete de proyectos que puso delante de Alberto Fujimori quien, al igual que Godofredo, había sido profesor en la Universidad Agraria de La Molina. Esa compañía se había presentado a la regional de minería respectiva para presentar un denuncio para la exploración y explotación de mineral aurífero lo que, como es natural en el Perú, no tuvo ningún impasse ni objeción, a pesar que los planos de denuncio indicaban que:1. Que el lugar donde se ubicaba la mina estaba ocupado por el pueblo de Tambogrande; y, 2. La supuesta mina se encontraba a menos de 30 Km del borde con el Ecuador y la empresa no era peruana.
La Manhattan se esmeró para presentar un estudio ambientalista que fue motivo para todo Tambogrande reaccionara contra ese monstruoso proyecto. La Manhattan para convencer a las autoridades del gobierno apuntó que el proyecto generaría 3,000 puestos de trabajo y el pueblo de Tambogrande respondió que la agricultura que comenzó allí con Godofredo García Baca ya daba trabajo a cerca de 40,000 personas. Acosada la Manhattan por los argumentos y conocimientos de Godofredo y el pueblo de Tambogrande fue donde Fujimori que aprobó, sin consulta a los interesados, conceder a Manhattan Minerals las tierras denunciadas donde se encontraba la villa de Tambogrande. Fujimori declaró luego “La minería en Tambogrande va a contribuir al desarrollo peruano” y balbuceando más estupideces dijo “Vamos a ser los primeros productores de oro en el mundo”. Los agricultores respondieron al ignorante “Las legumbres de Tambogrande se comen, el oro no se come; los mangos de Tambogrande se comen, el oro no se come; los limones de Tambogrande sirven para nuestro cebiche; el oro no nutre.”.
Entonces le tocaba a Godofredo asumir su responsabilidad para representar a toda la comunidad en la defensa de Tambogrande, del Valle de San Lorenzo, del Bosque Seco y de todos los lugares
aledaños. También asumió valientemente la responsabilidad de conducir a los agricultores que no estaban dispuestos a dejarse arrebatar de sus manos la cosecha. La única condición que impuso fue que todo se hiciera de manera pacífica porque así provocarían la reacción de los vendepatria. Llegaron a todos los fueros y la corrupción hizo oídos sordos a sus demandas y por eso decidieron llegar donde el directo responsable de la usurpación: “rambo” Fujimori. Los pueblos por donde marcharon los recibieron con el más puro patriotismo y gritaron con ellos “¡AGRO Y VIDA SÍ, MINERÍA NO!”Pero ganó el pueblo; ganó Tambogrande y ganó Godofredo García. Un 31 de marzo de 2001, un oficial del servicio de inteligencia de la Fuerza Aérea Peruana (sífigura en los documentos escritos y filmados), Meléndez Zapata Atocha, le disparó al pecho haciéndose pasar por un asaltante en las carreteras. Nunca quiso declarar quién lo envió para que sirviera de verdugo pero dejó entrever que “había sido mandado”.
Desde entonces, “los días de campo” –delegaciones de estudiantes, agricultores o personas que buscaban estudiar la agricultura— se habían convertido en parte de la rutina de la parcela, un espacio donde viven en armonía, frutales, legumbres, algarrobales, jirones de bosque seco tropical, y aún hay espacio para toda una granja de lombrices que producen humus, corrales de ganado y hasta una micro-ciénaga donde viven patos y se asolean perezosas iguanas.
“Una de las habilidades de mi hermano era que podía enseñarle a los campesinos sin mayor formación cultural, y en los mismos términos podía dirigirse a los auditorios de saco y corbata”, recuerda Ulises García Pérez, profesor de la Universidad Agraria La Molina, en Lima.
En 1993, ganó el premio San Luis Pro Conservación de la Naturaleza, junto a sus hijos Godofredo y Ulises por su aporte a la conservación de la naturaleza, armonizando el agua y aplicando los modelos con los que experimentaba en su parcela “Por eso, a mi padre lo invitaban a conferencias, exposiciones, llevaba gente a la parcela”, dice Ulises García, el hijo de Godofredo, “incluso le criticábamos el hecho de que iba a esos encuentros y nunca pedía que le pagaran pasajes, siempre lo sacaba de su bolsillo”.
“Godofredo, con sus investigaciones, logró desarticular la falta de transparencia en los petitorios y concesiones mineras, empezando con ‘la Chancadora’, ubicada en el cerro Somatillo, a la que le habían denominado San Juan, para despistar a los agricultores de San Lorenzo”, agrega en el prólogo del libro Tambogrande: ¿despensa o minería?
“Comenzó a hacer artículos, a escribir a todo el mundo, a llamar a sus amigos, a sacar documentos, se quedaba hasta tarde haciendo sus papeles”, dice Ulises.
• Enajenación de la propiedad privada, puesto que los terrenos sobre los que se asienta el valle fueron comprados por sus colonos a través de procesos de ventas libres entre 1962 y 1965, lo que atentaría contra la misma constitución del Perú (artículo 70º); por último, la agricultura tiene más criterios de necesidad pública que la minería, pues satisface de modo inmediato las necesidades de la comunidad. • Pone en peligro la actividad agropecuaria, que sustenta la zona. Según la Constitución (artículo 88º), “el Estado apoya preferentemente el desarrollo agrario” y garantiza la propiedad. • Desaparición de la cubierta vegetal (formada por los bosques y las áreas de cultivo) por su paulatina muerte a causa de la construcción u operación de los tajos abiertos, a pesar que se obliga al Estado a proteger la biodiversidad (Constitución, artículo 68º) Obviamente, las poblaciones de fauna y humanos serán irremediablemente afectados. • Deterioro de la calidad del aire y del agua por la contaminación con explosivos, gases, así como el ruido y las vibraciones, en un área de 60 kilómetros a la redonda desde el tajo abierto.
Estas razones fueron y aún son utilizadas por la resistencia para sustentar su oposición al proyecto minero, y hasta ahora Manhattan ni nadie ha sabido replicar convincentemente.
“Godofredo García Baca cayó bajo las balas asesinas de quien tal vez no le gustó su liderazgo, porque incomodaba o porque quizás sería un estorbo para otros planes nada halagüeños del futuro del departamento”, dice la periodista Margarita Rosa Vega.
En una oportunidad, el líder fue invitado por Manhattan para reunirse en sus oficinas en Piura, a lo que García accedió. Su hijo Ulises quiso acompañarlo pero ante la negativa de su padre se limitó a seguirlo a prudente distancia preocupado por los peligros que implicaban tal reunión. Varios minutos después, Godofredo salió muy contrariado, siendo abordado por su hijo con ávido interés. “No darán su brazo a torcer”, le explicó, y arreció sus ataques.
Nunca se pudo conocer lo que trataron en esa reunión, pero según Ulises no descarta que intentaron ganarlo y no lo lograron.
Godofredo García jamás denunció si era seguido o amenazado, al menos no públicamente, pues su hijo admitió que frecuentemente cambiaban de ruta para llegar a su propiedad en Somate Bajo.
Una clave del asesinato parece ser la fecha del crimen, exactamente un mes después de los sucesos de Tambogrande, y un año después de la instalación de la Mesa Técnica de Apoyo a Tambogrande.
Para entonces, había comenzado el juicio de Manhattan y sus aliados locales contra los dirigentes tambograndinos, y se estaba esperando una reacción pública de Godofredo respecto a lo ocurrido el 27 y 28 de febrero.
Medios independientes lograron establecer que el plan era ligar el asesinato con posibles actos terroristas que habrían desencadenado lo ocurrido un mes antes en el campamento de Manhattan.
La rápida reacción de Ulises, el hijo, permitió descartar esa treta, y llegar a una conclusión: detrás del asesino, hay una conspiración muy grande que quería callar a Godofredo, porque éste tenía la clave final para deshacerse de la amenaza minera sobre San Lorenzo.





















Obra particular que obstaculiza el transito en la Av.














